HISTORIA DEL CANTÓN MILAGRO

4.- DON MIGUEL DE SANTISTEBAN, DE LIMA A CARACAS 1740-1741

DON MIGUEL DE-SANTISTEBAN, DE LIMA A CARACAS 1740-1741

DON MIGUEL DE-SANTISTEBAN, DE LIMA A CARACAS 1740-1741

El manuscrito de Santisteban está anotado en el libros Catalogue of a Collection of Manuscripts Principally in Spanish to America in the Posession of O. Rich. London, Printed by William Bowden, p. 5, document Nº 9. Esta coleccion fue comprada por la Biblioteca Publica de Nueva York durante el siglo XIX, véase Edwin Blake Brownrigg, Colonial Latin American Manuscripts and Transcripts in the Obadiah Rich Collection: An Inventory an Index. New York Public Library and Readex Books, New York, 1978, p. 62.

El documento contiene 180 folios.

 Perteneciente a mediados del siglo XVIII, ya que en los folios 13r y 13v, narra su paso por las “BODEGAS DE YAGUACHE” Y EL “SITIO DE CHIRIJO” el día miércoles 3 de junio de 1740, en tránsito hacia la ciudad de Caracas.

Este sería el único MIGUEL que paso por Chirijo, pero no el Oidor don Miguel de Salcedo, que se ha vuelto un personaje inexistente, ya que hasta la presente fecha nadie ha presentado un documento manuscrito de la época,  que pruebe la existencia de dicho EX OIDOR DE LA REAL AUDIENCIA DE QUITO, por lo tanto también es y seguira siendo una simple “LEYENDA” la fundación de “San Francisco del Milagro” del cual trataremos en un capítulo aparte y fundamentadamente.

A CONTINUACIÓN LA TRANSCRIPCIÓN DE DICHO DOCUMENTO PERO LO HAREMOS DESDE SU LLEGADA A LA ISLA PUNA:

Puná

Aquí estaban surtos los navíos de guerra del Rey, que quince días antes habían arribado del puerto de Panamá/f. 4r/ con todos los caudales del comercio del Perú que bajaran a mediados del año antecedente para celebrar la feria de Portobelo de los galeones del cargo del Teniente General don Blas de Lezo, que se hallan en Cartagena y que por la irrupción de los ingleses hecha en Portobelo por diciembre del mismo año, se retiraron de orden de Su Magestad para internarlos a la ciudad de Quito. Hechose luego el bote al agua y fue el Maestre a ver al Comandante de la Armada, que lo era don Jacinto de Segurola a quien entrego los pliegos que le traía del Virrey, y como yo en el tiempo de mi juventud hubiese servido de Capitán de Infantería y Teniente de Navíos en algunas campañas a las ordenes de este Jefe y de su segundo, que lo era don Pedro de Medranda y Vivanco, fui poco después a saludarlos, logrando con la vista de uno y otro aquel gozo que resulta con la memoria de los

[Descripción de la Puná] 

Sucesos en que han mediado algunos años. A la tarde pasé al lugar o pueblo de la Puná, que consta de pocas casas de estantería de /f. 4v/ maderos cubiertos de paja, y con tablazones de aquellas cañas que llaman gaduas(1), huecas y tan gruesas que partidas y aplanadas dan una tabla de dos tercios de ancho y de textura muy fuerte. Esta población  es la única de esta isla, constará de veinte vecinos los mas indios, a quienes gobierna un Teniente puesto por el Corregidor de Guayaquil. Los frutos que produce esta bella isla son algún cacao muchos mangles de pie derechos para fábricas de la ciudad de Lima, pescado salado, algodón y cocos que todo deja aprovechamiento a sus habitadores. Su situación es la desembocadura del Rio de Guayaquil casi circular  bordea más de veinte leguas de terreno bajo. El fondo [es] limpio y completamente para navíos de cualquier porte, y por ésto los de este tráfico que son grandes no entran a Guayaquil, sino cuando necesitan de astillero para sus reparos. Aquí pues fletemos esta tarde

[Lo que son las Balsas]

una de aquellas fluctuantes casas que llaman de balsas por /f. 5r/ que se forman sobre palos que tienen este nombre, largos de más de 20 varas, de figura circular de diámetro hasta de una vara y leves como el corcho, que unidos unos a otros con maderos delgados y más fuertes que atraviesan y atan con cierta especie de sarmientos, a manera de sogas de que hay abundancia de todos gruesos en aquellas selvas y se llaman bejucos, se hace el pavimento del ancho de que se quiere ensolándolo con gaduas aplanadas de las cuales se sirven para sustentar el techo poniéndolas enteras para pies derechos y como tablas para división del dormitorio dejando una gran sala con sombra y sin pared para la ventilación y sirve de corredor espacioso para el paseo y de bodega para la carga. A los lados les ponen balaustradas de una vara de alto de la misma caña, o de otra madera labrada más o menos curiosa a proporción del destino que le dan, dejando fuera de ella los palos /f.5v/ colaterales tanto para la comunicación de los marineros de extremo a otro, que se llama popa y proa. Como para el uso de los remos que no son otra cosa que una pala de tercia de ancho y dos varas y media de largo, que fijados en los a travesaños que sobresalen como media vara los meten perpendiculares haciendo e movimiento y al fuerza de la boga hacia la proa.

Para suplir la falta de la quilla y darles alguna sugestión que las desvié de la línea de dirección del viento y la corriente cuando van al remo o a la vela, meten a popa y proa, entre la juntura de los palos del medio, una tabla de dos tercios de ancho y de tres varas de poco más o menos de largo que cala más de media vara de lo que fondean aquellos.  [Estas] entran ajustadas entre dos travesaños y el hueco de los palos no llega a ellos sino para levantarlas más o menos cuando hay poco agua o se da /f. 6r/ fondo. Su gobernalle (2) al remo o a la vela consiste en cuatro hombres que bogan entre los extremos colaterales a un lado u a otro según los dispone uno de ellos que es el piloto, y estos mismos necesitan cuando menos para su manejo en el río, porque como en él no se navega de otro modo, ni en otro tiempo que con la marea que es favorable, basta estos para su dirección; pero cuando salen a la mar (donde se apartan poco de la costa)  o navegan por el río en diligencia con alguna persona de distinción, llevan por banda cuatro o más bogas a proporción del tamaño de las balsas, y se van a la vela, para arrimarse algo más al viento calan algunos  de sus remos, que llaman canaletes a continuación de las dos tablas, que sirven de quilla, de lo que prolongada más, ruede la balsa menos. Fletamos digo una de estas balsas que hacían tornaviaje a Guayaquil en doce pesos y en el principio de la creciente de la marea de esta noche que fue a las doce, nos partimos para Guayaquil manteniendo la compañía de don Francisco de los Ríos Quevedo que /f. 6v/ habíamos traído desde el Callao, y entro a la parte del costo.

Guayaquil

En tres crecientes llegamos al amanecer del sábado 23 a la ciudad de Guayaquil, habiendo pasado las dos vaciantes (3) dados fondo en aquellos parajes donde la corriente del río tiene menos fuerza y en que la distancia del bosque a la orilla preserva en gran parte de la incomodidad de los mosquitos, dando a la vista el delicioso objeto de sus riberas y las de otros ríos que desembocan en éste. Poco después de haber llegado, pasó el piloto a dar cuentas al Corregidor que lo era el capitán de navío don Pedro de Echeverría y Zúbita, y al Contador de Real Hacienda don Gaspar de Ugarte, con quienes tenía yo amistad, y notisiosos de mi venida, enviaron orden para que saltásemos en tierra en donde se separo don Francisco, quedándose conmigo don Miguel da Cáceres, con quien me fui a la casa del Licenciado don Miguel de los Ríos, Cura y Vicario eclesiástico de esta ciudad, antiguo y fiel amigo mío, cuya repentina y no esperada vista después de veinte años renovó los afectos radicales desde el tiempo de nuestra  adolescencia

/f . 7r/ Registrados los cofres por los Ministros de la Aduana se trajeron a la casa de nuestra posada y poco después fuimos a visitar a don José Araujo del Rio, Presidente de la Real Audiencia de la ciudad de Quito y Gobernador y Capitán General de su distrito, que dos días antes había llegado a ésta acelerada diligencia a fin de que el tesoro del comercio del Perú, se internase a aquella capital en cumplimiento de las órdenes del Rey, en que procedió con tanta actividad que aun mismo tiempo se conducía por el rio Los Cajones de sus especies en balsas  a las bodegas de Babahoyo, y lo recibían los arrieros para portearlo a Quito, lo que se ejecuto con admirable prontitud a satisfacción de sus dueños y diputados. Pasado más adelante su celo, convocó a las milicias de las ciudades y sus contornos de cuya gente a pie ya a caballo hizo revista en la plaza en uno de los días de mi detención a que concurrieron sobre 400 /f. 7v/ hombres de todos colores, más de la mitad montados en buenos caballos, con lanza, y machete sobre una especie de lomillos casi redondos, a manera de los que se ponen debajo de la alabarda, tan largos que llegan hasta las mitades de la crin y el anca, formando allí alguna curvatura que son las sillas de que usa la gente del campo de aquel país, ligeras, acomodadas, seguras, aún para los menos diestros que ellos, que con admiración son fuertes en su manejo. Los de a pie llevaban pocos, fusil, y el resto sus espadas unos y otros las ajenas, porque en esta tierra, como en todo el Reino del Perú, es muchas veces el hierro más raro que la plata, y las escopetas se miran se miran como alhajas de algunos hombres acomodados que las tienen para el uso de la caza y no para la guerra. Con la oportunidad de esta concurrencia de cuya comitiva eran los principales vecinos de esta ciudad, fuimos otro día a ver los astilleros en los cuales no había puesta quilla de embarcación alguna, y solo tuvimos que admirar la bella situ/f. 8r/ ación, y la fácil comodidad de botar al agua, sin peligro, aun las de mayor porte. Allí oí recomendar la abundancia, diferencia, calidad y propiedades de las maderas que había en las dilatadas selvas del territorio de la ciudad y su provincia sobre todos las del universo. Unos las numeraban por sus nombres que pasaban de 30, todas preciosas, prefiriendo la de Guachapeli por la docilidad en dejarse labrar su grueso y condición casi incorruptible para la armazón interior de un navío, empezando desde la quilla, a que contribuía hasta con sus raíces y ramas par piques (4), codaste (5), y demás piezas. Otros eran de parecer de mangle eran más a propósito para la quilla por su solidez y fuerte contextura para cuyo efecto teníamos a la vista uno que me dijeron tenía 25 varas de largo, y una de diámetro. Ponderaban algunos la calidad del roble de aquellos montes para los tablados y los palos de maría para arboladuras, dando / f. 8v/ ventajas a éstos sobre los pinos de Noruega, ya aquellos sobre los de su especie en otros países, y aun sobre el cedro de Habana, de que también tienen abundancia. Hacían memoria otros de la duración de algunos bajeles (6) del trafico que se habían construido en estos astilleros, que existiendo no se acordaban de su fabrica aún los más ancianos de aquella maestranza, y todos concluyeron el discurso, convenidos en que si el hierro se allí con sólo el duplo valor que tiene en la Cantabria, y se usase el arbitrio de poner las mercaderías y efectos de España y Europa, que tienen consumo en aquella ciudad y provincia, se echarían al rio todos los años dos navíos de guerra, o más, si se aumentasen la maestranza con un tercio menos de costo que en Habana, fuera de otra mitad que resultara cuando menos en la duración.

Tan oportuna concurrencia en la casa del /f. 9r / referido Presidente, me facilito el informe que deseaba de los frutos que producía la provincia y particularmente del cacao, que es el renglón más considerable en qué consiste su comercio y como estuviese en ella muchos de sus hacendados y cosecheros, supe por mayor que llegaba en una año con otro a 40.000 cargas de 81 libras, de las que se cogían más de dos tercias partes en el partido de Babá, nombrado así porque le baña un rio de ese nombre que se vierte sus aguas en el de Guayaquil, y el resto en el de Yaguache, Babahoyo y otros, y añadieron, que si el comercio de México por el Mar del Sur fuese permitido, y el tráfico a España más frecuente, podría en poco tiempo duplicarse aquella cosecha con utilidad común a ella y a ambos Reinos, que los demás consistían en las maderas que se llevan a Lima para sus fabricas, y que se consumían en los astilleros- En cera, sal en grano, de que se cuaja tanta en la Punta de Santa Elena de esta provincia, que pudiera abstenerse el universo co/f. 9v/mo provee el reino de Tierra Firme y provincias adyacentes a ésta, de arroz, novillos, mulas, algodón, y todo lo demás que se proporcionan a lo ardiente de su temperamento cuyo producto de todos juntos es bastante consideración y que pudiera aumentarse cuando se quisiese. Esta ciudad que está fundada en un espacioso llano de tierra baja, a 2 grados y 11 minutos de latitud austral, y 297[sic] grados 12 minutos de longitud contada del meridiano de Tenerife, baña el famoso rio a quien da el nombre. Por la parte oriental de ella, o por mejor decir, riega o humedece sus campañas con inundaciones en el invierno (que dura desde diciembre hasta mayo) y se llama así con propiedad, porque es en ella y en las tierras equinocciales que están al medio de la estación pluviosa, y se siente aún más calor que en el verano, que es la otra estación en que dividen el año, atendiendo no a las cualidades /f. 10r/ del frio, y del calor (como las denominan los que habitan la zona templada) sino al periodo de las mutaciones del tiempo en húmedo o seco. Esta ciudad pues, con su arrabal que llaman Ciudad Vieja porque en el último incendio que padeció se  traslado a la nueva la mayor parte de su vecindario y consta de poco mas de 3.000 vecinos: los dos mil de españoles europeos, y americanos, y los mil restantes de personas de todos colores que se ejercitan en los servicios domésticos, labranza de campos, tráficos del río y trabajo de los astilleros. Las casas son de madera, todas altas y con corredores a las calles, anchos y acomodados, que son de utilidad para el trato, tanto por la sombra que contribuyen como por la comodidad del paso del tiempo de aguas que hace el suelo pantanoso.

Tiene para la comunicación de su arrabal (cuyo paso cortan cuatro o cinco desigualdades de terreno que ocupa el río) un puente de madera de dos varas de ancho /f. 10v/ y 450 pasos geométricos de largo. Como está poblada a uno y a otro lado de casas, palmas de cocos, y demás frutales de la tierra, y aquellas y estos sean muy elevados y coposos, forman con su verdor y sombra el paseo más agradable de la ciudad, contribuyendo para diversión del concurso y refrigerio del calor la aloja (7) de los cocos, que es una agua tan dulce y grata al paladar como inocente, y más fresca aún en lo accidental que la común. Aún es de la ms grata diversión la feria que se celebra todos los días a las orillas de este gran rio donde concurren multitud grande de  canoas y balsas cargadas de carnes saladas de vaca, puercos silvestres, aves, huevos, peces de distintas especies, frutas de todas las que da el país, y en grande abundancia melones y sandias, siendo estas últimas en las noches de luna un atractivo apetitoso para las mujeres que encuentran en ellas las botillerías (8) para su refresco, que brando unas a las otras para aprovechar el corazón  y sobre todo /f. 11r/ una abundante copia (9) de plátanos, que se proporción de la sazón que tienen dentro de su color, ya verdes, o amarillos cuando están maduros, o ya secos al sol cuando están negros sirven de pan, fruta y conserva. Carecen enteramente de agua porque ni en ella, ni en su extendido territorio hay fuente, o manantial alguno, pero se bastece con la que en balsas, chatas, y canoas se conduce con abundancia todos los días del rio de Daule que está bien cerca, ya aunque esta provisión es carga concejil de algunos pueblos, la utilidad que tiene en venderla le ha hecho negociación común a todos. Para los menesteres caseros se sirven del agua de los pozos, porque las del rio mezcladas con las del mar son ingratas y salobres, no porque el flujo del mar las vuelva así (porque este inconveniente cesaría con el reflujo, como sucede en otros ríos) sino porque éste que comúnmente se llama río, s propiedad geográfica de un famoso puerto en una espaciosa navegable ría. [Esta ría] corre del sur al norte con sujeción a las mareas que alcanzan /f. 11v/ más de 20 leguas desde la boca que forman los Bajos del Mondragón y la Punta del Puerto de Balsas, aquellos al este y estos al oeste, desde donde por canal con fondo de lama, y arena entran navíos de porte y pudieran entrar los demás grandes, si se tuviese el cuidado de limpiar los bajos que forman la marea con su presencia a los ríos que desembocan en ella con sus arenas y palizadas de que son algunos de bastante caudal, como el que llaman el grande Daule, Babá, Babahoyo, y Yaguache, para hacer un famoso puerto. Es tan bella esta ría, y y ofrece objetos tan agradables en las arboledas de sus márgenes, campañas, y caserías, como en el seno que forma en la ciudad para surgidero de toda suerte de embarcaciones, que puede decirse, que si los habitantes de esta ciudad no tuviesen el contrapeso de respirar el aire de perpetuo estío, y la mortificación de defenderse de la plaga de la plaga de varias especies de mosquitos que lo infestan, no tendrían que /f. 12r/ apetecer mas delicias naturales para los ojos, ni otras comodidades para la vida. El gobierno de esta ciudad está a cargo de un Corregidor que nombra el Rey por cinco años y de dos alcaldes que elige cada año en el ayuntamiento. El Corregidor elige a su vez a los Tenientes por cada uno de los siete partidos en que se divide la provincia con sujeción a la Real Audiencia de la ciudad de Quito, y al Virrey del Perú hasta este presente año de 1740, en que renovado el designio del de 1718 de exigir en Virreynato el re Nuevo Reino de Granada, o de Santa Fe de Bogotá, se volvió a agregar a éste, cuyos despachos recibió en esta ciudad el Presidente don José de Araujo, y el gobierno espiritual y eclesiástico al de un Vicario, que nombra el Obispo de Quito de cuya diócesis es fuera de la parroquia y de otros que residen en los lugares de sus partidos. Son tres conventos de religiosos: de San Francisco, Santo Domingo, San Agustín, y un colegio de la Compañía de Jesús.

El lunes 1 de agosto después de nueve días de detención en esta ciudad que pasamos divertidos en el cortejo y comitiva del Presidente y regalados en alternados/f. 12v/ convites, en que se esmeró la generosidad de los amigos, partimos con la creciente de este día, que fue a las siete de la mañana, en una balsa de las mismas comodidades que la primera que fletamos en ocho pesos. Navegando por esta deliciosa ría, dimos fondo después de medio día en la barranca de una casa de campo donde comimos y esperamos la marea creciente. [En] la tarde de  este día llegaron en una canoa los dueños de esta casa que había ido a cazar al monte de la ribera opuesta aquella especie de puercos silvestres que llaman zainos. Trajeron cuatro muertos, y los más perros que eran dos pequeños mastínes, tan ensangrentados con las heridas que recibieron de sus afilados dientes, que creyendo que no pudiesen vivir pregunté si sanarían de ellas, y respondiéndome que si, echaron mano a uno después de otro y sin otra curación que meterles mucha sal molida en las heridas, me aseguraron que bastara para /f. 13r/ que cicatrizasen, preservándolas de la gusanera. Con la creciente del anochecer de este día continuamos nuestro viaje, y por no haber podido alcanzar con ella el desembarcadero de la Bodega de Yaguache dimos

[Bodega de Yaguache]    

fondo después de media noche y aunque hubo muchos mosquitos, con la defensa de los toldos, la pasamos bien. El martes con la creciente de la mañana llegamos temprano a Yaguache donde desembarcamos, y por recomendación del Presidente nos hospedo en su casa el  Teniente de este partido, donde pasamos todo este día divertidos en la pesca y paseo de la pequeña población en que hay unas grandes bodegas que sirven para depósito de la sal que se consume, viniéndola a comprar de la provincia de Chimbo, Riobamba, y otras interiores. La noche de este día nos fue muy incómoda porque habiendo hecho poner la cama en un corredor alto entablado de gaduas para lograr algún aire, se introdujeron en ellas por los intersticios del suelo o por las puertas del mosquitero mal cerradas, muchas de /f. 13v/ aquella especie de minutísimos imperceptibles insectos que llaman mantas blancas que no solo nos inquietaron el sueño, sino que nos llenaron de unas ronchas tan rubicundas que hasta que nos dejaron la causa de ellas, las creímos efecto de otra cosa de más cuidado.

Sitio de Chirijo

El miércoles 3 después del medio día, que todo este tiempo fue necesario para encontrar mulas de carga y silla para nuestras personas y equipaje, partimos de la Bodega de Yaguache, y en el sitio de Chirijo, anduvimos tres leguas de monte y algunas pequeñas praderías de una u otra casa de campo.

Papayal  

El jueves 4 salimos del sitio Chirijo y lléganos a el Papayal donde hicimos noche, Anduvimos cinco leguas de camino llano, con algunos pantanos todo de arboleda y alguna parte de ella de cacao de cinco y siete de alto, y vi muchas mazorcas pendientes que pareciéndome por su color amarillo /f. 14r/ que estaba de sazón y abandonadas hice coger algunas y las encontré huecas y agujereadas y me dijeron los arrieros, que las ardillas , que es un pequeñito cuadrúpedo de agradable figura y de velocísima agilidad para trepar los troncos y andar en las ramas de que hay gran copia, se habían comido el grano, y que por eso las dejaban al hacer las cosechas.

Playa del Río Chimbo

El viernes 5 partimos del Papayal, y llegamos a la primera playa del Río Chimbo, donde hicimos noche. Anduvimos cinco leguas por caminos llanos de selvas enmarañadas y pantanosas, todas de maleza y árboles muy elevados y robustos, yedras, cañas y flores, con admirable entretenimiento de la curiosidad.

  Notas o llamados.

 1.- Gaduas: especie de bambú gigante de América.

2.- Gobernalle: timón de barco.

3.- Vaciantes: menguante o descenso del mar o aguas.

4.- Pique: varenga o madero en forma de horquilla que se sitúa en proa.

5.- Codaste: madero grueso ensamblado en la quilla.

6.- Bajel: barco o buque.

7.- Aloja: bebida refrescante de miel y especies.

8.- Botillería: tienda donde se vende toda clase de refrescos y bebidas heladas.

9.- Copia: abundancia.

 

5 comentarios »

  1. […] 4.- DON MIGUEL DE SANTISTEBAN, DE LIMA A CARACAS 1740-1741 enero, 2010 Dejar un comentario LikeBe the first to like this post. […]

    Pingback por lOS NÚMEROS DEL 2010 « HISTORIA DEL CANTÓN MILAGRO — 4 enero 2011 @ 11:52 PM | Responder

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    Pingback por CANTÓN MILAGRO, IMAGENES DE AYER Y HOY. « HISTORIA DEL CANTÓN MILAGRO — 24 septiembre 2011 @ 9:22 PM | Responder

  3. Exelente documento ide prueba es evidencia de la cutura chirijo. antepasados Milagreños. felicitciones señor Balarezo, la ciencia versus el mito y la leyenda.

    Comentario por Patricio Salazar Mora — 11 junio 2014 @ 9:55 AM | Responder

  4. Buenos dias amigos, por favor en que sitio puedo descargar el libro completo de Miguel de Santisteban “Viaje de Lima a Caracas 1740-1741 Gracias

    Comentario por Rafael — 26 junio 2015 @ 10:07 AM | Responder

    • Descargar en pdf no hay, tendrás que comprar en linea pero en el exterior. Saludos.

      Comentario por DIEGO BALAREZO PINOS — 14 julio 2015 @ 11:46 PM | Responder


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